Se inició en el periodismo potosino hace poco más de medio siglo, y ahora con el paso de los años, es -quizá- el último de los grandes, veteranos, reporteros-investigadores policiacos que quedan en el oficio.
Don Andrés, nacido un frío día 4 de febrero del ya lejano 1954, en una casona de la calle Morelos, en pleno barrio de San Sebastián, fue uno de los ocho hijos de la familia Martinez Tovar.
Su familia fue originaria de Coahuila, concretamente de Monclova, emporio metalúrgico de México, junto con Monterrey.
Por azares de la vida y en busca de mejores oportunidades, su padre se vio en la necesidad de trasladar a toda la prole a tierras potosinas, donde iniciaron una nueva vida.
De sus ocho hermanos, sobreviven cuatro, tres hombres y una mujer.
Siempre la nota roja fue su fuerte, trabajó esa información que motivaba el morbo y hacía que los lectores devoraran la información y agotaran las ediciones de los diarios escritos.
¡ Qué tiempos aquellos !
Se trata de Andrés Martínez Tovar, ampliamente conocido como “El Cóndor” y que formara, junto a otros reporteros de antaño un grupo que se destacó por su capacidad y profesionalismo, cada uno en sus respectivos diarios.
Eran tiempos del reporteo “de a pie” en busca de la noticia y de la imagen exclusivas.
En plática sostenida una calurosa tarde del mes de abril, Andrés confiesa que sus inicios ocurrieron cubriendo información deportiva para El Heraldo. Ahí lanzó sus primeros teclazos, sobre una vieja maquina Olivetti.
Ahora, señala, está ya próximo su adiós a la Redacción de El Heraldo, donde ha laborado los últimos años.
Su gusto por el oficio del periodismo lo hizo que incursionara en el tema de nota roja cuando debió cubrir la información porque el reportero policiaco estaba ausente. Ahí comenzó todo.
Cubrió informaciones de todo tipo, en el amplio espectro de la violencia y el delito, presentes siempre en esta sociedad nuestra, sus escritos, siempre bien redactados, pusieron a los lectores en el lugar mismo de los hechos.
Andrés narra que una de sus más grandes satisfacciones sucedió al cubrir el asesinato de una jovencita, suceso ocurrido en un hotel de la zona centro de la capital potosina.
La policía de aquellos años, no logró aclarar el crimen -como suele ocurrir- y aquella pobre víctima no fue identificada y fue a reposar a la fosa común.
Todo hubiera quedado ahí, pero Andrés decidió ahondar por su cuenta, investigó, y, tras haber tomado fotos en el sitio del crimen, las publicó en una secuela y entre ellas se observaba una pulsera que usaba la joven víctima.
Ello derivó que familiares de la víctima la identificaran por la pulsera y, de esta forma pudieron dar un sepelio digno a la joven sacrificada, aunque la justicia no llegó para ellos.
Otro trabajo periodístico que bien recuerda Andrés
es el que le vale ser reconocido con el Premio Estatal 1993 en el género Noticia, cuando dio a conocer la salida de una cuerda de reos del entonces penal estatal ubicado en la Av. Juárez.
Dicha información fue cubierta y dada a conocer por todos los medios, pese a que ocurrió a medianoche, cuando ya las ediciones respectivas estaban a punto de cerrar.
Andrés se las ingenió para esperar hasta el último momento y logró hacerse de la lista con los nombres de todos los reos fue fueron cambiados, ello le hizo ganar el Premio por la información exclusiva.
Además, este plus hizo que la edición se agotara al día siguiente y además se realizara una edición extra, dado que había que ver los nombres de los que integraron la cuerda de reos.
Recuerda muy bien “El Cóndor” a sus colegas, Antonio Avalos Méndez, a quien cataloga como el mejor foto-periodista policiaco, al Lic. Rafael Ibarra Morales, quizá el mejor reportero policiaco de esa época. Asimismo, menciona también a Salvador Azpeitia, otro destacado reportero de la fuente.
Anécdotas, tiene muchas y muy variadas que le dejaron su paso por El Heraldo, La Opinión y Momento. Ahora, actualmente, se desempeña como redactor en jefe del diario Región Centro, un semanario de amplia circulación regional.
Ahí, continúa con la importante tarea de informar a la sociedad , aunque alejado ya de reflectores y marginado por la ignorancia de las nuevas generaciones, adeptas a las modernas tecnologías que generan el nuevo periodismo tan virtual como efímero.
Don Andrés, lamenta la desaparición del periodismo escrito de investigación, de las “exclusivas” y del olor a tinta fresca que despedían las prensas y los primeros periódicos que salían de las máquinas.



